domingo, 17 de enero de 2016

¿SERAN LO MISMO?

FETICHE


Un fetiche es un objeto material de culto al que se conceden propiedades mágicas o sobrenaturales y llega a ser venerado como un ídolo. Este tipo de objetos se utilizaban especialmente en tribus y civilizaciones antiguas. La idolatría y la práctica del culto de los fetiches se conocen como fetichismo. Este tipo de culto aparece en diferentes lugares del mundo. Se asocian sobre todo, a creencias y prácticas religiosas especialmente animistas y es objeto de estudio de la Antropología también como una manifestación cultural. En el fetichismo animista aparece en algunas religiones primitivas africanas y caribeñas. En ellas, se considera al fetiche como un representante de un ser superior y que tiene sus mismas características y poderes. Estos fetiches son objeto de adoración, gratitud y ofrecimientos ya que éstos, debido a su carácter sobrenatural, se les considera capaces de conceder gracias y castigos.
Se considera también un fetiche un objeto relacionado con la superstición y al que se le asocia con la buena suerte. Por ejemplo, una pata de conejo o una herradura. En este caso, se puede identificar con la palabra 'amuleto'.
También se utiliza en Psicología, aplicado al campo de la sexualidad, para referirse a un objeto o una parte del cuerpo no relacionada con el sexo y que provoca excitación.
Procede del latín facticius (artificial, inventado) y habría evolucionado en el portugués feitiço para referirse a los objetos de culto que encontraban los navegantes en sus viajes. Esta palabra, a su vez derivaría en lengua francesa como fétiche y de ahí al español.

FREUD Y EL FETICHISMO

La definición de fetichismo del Diccionario de Psicología de Friedrich Dorch es uno de los más completos, teniendo en cuenta que sus definiciones se basan en la conjunción de las opiniones de representantes de todas las corrientes psicológicas. Pero es interesante observar que, dependiendo de cada manual o autor, las connotaciones acerca de su consideración como patología o enfermedad varían.
Una de las teorías más llamativas es la ofrecida por el psicoanálisis. Freud introduce el término de fetichismo en el ‘Ensayo sobre las aberraciones sexuales’, enmarcado en la obra ‘Tres ensayos de teoría sexual’, publicado en 1905.
Freud por tanto, considera el fetichismo como una “aberración sexual” y lo  incluye en el capítulo dedicado a la “situación inapropiada del objeto sexual”, en este caso, “una transgresión anatómica”. Cabe señalar, que en la misma categoría de aberraciones, el fundador del psicoanálisis incluye la homosexualidad y el sexo oral.
La definición no se aleja mucho de la vigente en la actualidad: “el objeto sexual normal es sustituido por otro relacionado con él, pero al mismo tiempo totalmente inapropiado para servir al fin sexual normal” y como ejemplo se cita el pie, que junto a la del zapato es una de las parafilias más comunes.
Para su tratamiento, Freud hace dos diagnósticos: existen los fetichismos de tipo limítrofe con lo patológico y de tipo patológico. Las actividades no patológicas se presentan como “conexiones normales” y determina que “es regularmente propio del amor normal cierto grado de fetichismo, sobre todo en aquellos estadios del enamoramiento en el que el fin sexual es inasequible o en los que su realización aparece aplazada”.
La patología aparece cuando “el deseo hacia el fetiche se fija pasando esta condición y se coloca en lugar del fin moral o, cuando el fetiche se separa de la persona determinada y se deviene por si mismo como un único fin sexual”.
El origen de esta condición psicológica, como ya se ha dicho, reside en la infancia según la mayoría de los autores, y Freud no será menos.
En cuanto a las consideraciones sobre el pie y el zapato, Freud alude al pie como un “ejemplo antiquísimo de símbolo sexual que aparece ya en el mito”; mientras, el zapato es “correlativamente símbolo de los genitales femenino” (hueco en el que se introduce el píe)” mientras que el tacón representa “el falo masculino” de ahí la considerada “bisexualidad”  del zapato freudiana.
Antes de la llegada del psicoanálisis, el “fetichista aparecía como un psicópata que coleccionaba objetos de uso femenino para satisfacer en ellos su lascivia” cuenta el psicólogo alemán Josef Rattner en su obra ‘Psicología y patología de la vida amorosa’.  Fue Freud y su psicoanálisis, el que ‘descriminalizó’ las prácticas fetichistas diferenciándolas entre las “normales” y las “patológicas”.

Rattner también recuerda en su obra que los pioneros en hablar del fetichismo  y en tratar su origen fueron el psiquiatra francés Binet y Krafft-Ebing, que partieron de la ‘teoría asociacionista’ para determinar en la adolescencia el inicio de dichas prácticas.
El fetiche estaba representado por un ídolo u objeto de culto en los pueblos primitivos, al que se le atribuían propiedades mágicas.
Se conoce como fetichismo a la devoción por los objetos materiales. En el manual diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV) se le considera como una parafilia (trastorno sexual y de la identidad sexual).
En el fetichismo se refieren fantasías sexuales e impulsos y comportamientos ligados al uso de objetos no animados, como es la ropa interior femenina. Dichas fantasías producen un deterioro social y un malestar significativo a nivel clínico del sujeto.
También pueden observarse conductas fetichistas que no conducen a un  malestar significativo asociado. La existencia de conductas de connotación fetichistas se produce en la vida cotidiana, sin que represente un signo de trastorno.

PARAFILIA

El griego es la lengua en la que tiene su origen el origen etimológico de la palabra parafilia. En concreto en él se encuentra formada por la unión de para, que significa “junto a”, y filein, que podría traducirse como sinónimo del verbo “amar”.
De acuerdo a la definición del diccionario de la Real Academia Española (RAE), una parafilia es un desvío de índole sexual. Se trata de una conducta íntima donde el placer se obtiene mediante una actividad diferente a la relación sexual en sí misma.
Las parafilias son consideradas inofensivas, aunque hay excepciones. Ciertas parafilias pueden generar daños físicos y/o psíquicos en alguno de los participantes del acto sexual, como ocurre con la pedofilia.
En concreto, se establece que una persona disfruta llevando a cabo una parafilia porque eso le supone gozar con uno o con los dos de los siguientes elementos:
Riesgo. El riesgo que trae consigo llevar a cabo una práctica sexual clasificada como parafilia supone que la persona en cuestión disfrute del mismo y cuente con una excitación mucho mayor.
Voluntad de poder. A través de una de estas prácticas, quien la lleva a cabo disfruta de una sensación de poder sobre la persona con quien la realiza, se siente por encima de ella y con capacidad para hacer lo que desea.
Cabe destacar que el parámetro para considerar si una conducta sexual es parafílica varía a lo largo de la historia y según la región. De este modo, prácticas que eran consideradas como parafílicas hace algunas décadas, hoy son aceptadas como normales y, por lo tanto, no se toman como desviaciones. Ese el caso de la masturbación, la felación o el cunnilingus, por ejemplo.
Es importante destacar que los expertos no han hallado trastornos psicológicos o cambios orgánicos que brinden una explicación sobre el origen de una práctica parafílica. Estas desviaciones, de todos modos, pueden tratarse mediante la terapia psicoanalítica.

DIFERENTES  PARAFILIAS

Entre las parafilias más usuales, pueden mencionarse a:

ALTOCALCIFILIA
Excitación por el calzado que dispone de tacones altos

ASFIXIOFILIA
Que consiste en provocar un estrangulamiento erótico

ZOOFILIA
Donde la relación sexual contempla la participación de un animal
COPROLALIA
Estimulación sexual a partir de la utilización de términos soeces, es decir las grocerias, el vicio es no decirlas, si no pronunciarlas sin ton ni son, osea fjuera de contexto. Por ejemplo: que rica comida "por la mierda"

MASOQUISMO
Placer vinculado al sufrimiento físico y a la humillación


PEDOFILIA
Atracción por los niños


LA PODOFILIA
Excitación por los pies) y el sadismo (placer al generar dolor físico al otro
No obstante, no son las únicas parafilias que se conocen actualmente. Así, entre otras de las más conocidas se encuentran las siguientes:

NECROFILIA
Que consiste en la obtención del placer mediante la práctica sexual con cadáveres.

EXHIBICIONISMO
Que es el que practican aquellas personas que obtienen placer mostrando de manera deliberada y pública sus genitales.

VOUYERISMO
Que se define como la consecución del placer sexual mediante la visión de los genitales o de los actos sexuales que realizan otras personas.

FROTEURISMO.
 En este caso concreto, la satisfacción de quien tiene esta citada parafilia le llega mediante el frotamiento de sus genitales con el cuerpo de otra persona.
En la búsqueda del placer y el bienestar que otorga el sexo las diferencias imperan, cada persona tiene un universo en su cuerpo y llegar al éxtasis o a la meta estimulación consiste en rutas igualmente diversas. En el sexo, decía Octavio Paz, siempre hay al menos tres protagonistas: una pareja y la fantasía (evidentemente si se trata de tercios u orgías habrá más: el fantasma erótico que también participa). Esta fantasía a veces se materializa en un objeto animista. Pero hay de objetos a objetos, y la parafilia o el fetichismo a veces desbarra por bizarros linderos.

URSUSAGALAMATOFILIA
A algunas personas les gusta vestir de felpa o hasta de botargas y buscar otras personas similares para copular. Esta parafilia es bastante popular en otro mundo (dentro de éste).
“Hay una gran escena de ‘felpa’ y parece estar basada en personas que gustan de proyectar cualidades antropomórficas a los animales y les adscriben cualidades humanas”, dice el terapeuta sexual Ian Kramer.
A diferencia de la zoofilia, donde la personas literalmente disfrutan de tener sexo con cabras, perros, caballos, o la avisodomía (con aves), aquí lo que sucede es el deseo de tener sexo con humanos que tienen características de animales, pero a la vez son lindos y dulces, de ahí la felpa.
Hace un año surgió el caso del Pato Donald que inició contacto sexual con una mujer, tratando de borrar la frontera entre la caricatura y lo erótico. Esta botarga habría tenido más suerte si hubiera abordado a una mujer ursusagalamatofílica.

PARCIALISMO
A algunas personas les excita una parte del cuerpo específica, por ejemplo el pie de una mujer con tacones. Incluso existen sitios dedicados en su totalidad a estas fascinaciones, por ejemplo, a chicas en tacones apoyando sus piernas sobre un auto y especialmente los pedales, conocidas como gas pedal honeys. Esta fragmentación del deseo hace que algunas personas lleven esto al extremo y durante el sexo busquen copular solamente con un pie o con una mano
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FORMICOFILIA
Este es el placer sexual derivado de tener insectos arrastrándose por el cuerpo, especialmente en los genitales (¡¿esa sexy hormiga en la vagina, o la abeja meliflua en el pene?!). Se cree que esta parafilia se ha desarrollado especialmente entre personas cuyos hogares son infestados por insectos y, por el divino azar, experimentan durante la cópula la participación de algún insecto que incrementa el placer. Aunque claro que hay personas que simplemente gustan de llevar voluntariamente insectos a la cama y usarlos estratégicamente en zonas erógenas.
En Japón existe la costumbre entre ciertas personas de utilizar anguilas para el sexo anal o para la masturbación femenina.

ACROTOMOFILIA
Algunas personas se excitan con miembros amputados, ya sea con su  ausencia o con su prótesis.


MECANOFILIA
Como resultado de la sexualización de las máquinas, particularmente de los autos, que se ha generado en la publicidad, existen personas que no sólo se ven excitadas por las máquinas —por tener sexo en un Corvette rojo— sino que tienen sexo con vehículos. Tal es el caso de Edward Smith, un hombre que dice haber tenido sexo con más de mil autos y uno que otro helicóptero.
No hay duda que la mecanofilia es uno de los fetiches que más en común tiene con la llegada de los robots sexuales y demás máquinas de uso erótico.: en vez de talk to the hand: fuck the hand.





AGALMATOFILIA
La atracción por maniquíes es bastante común, esto incluye también la excitación erótica generada por estatuas y por la inmovilidad (lo que  podría ser un sucedáneo de la violación). Muchas personas no sólo contemplan a los maniquíes cuyos cuerpos torneados se muestran en las tiendas de ropa, algunos incluso los roban para tener sexo con ellos.



DACROFILIA
Un poco menos bizarra, ya que las lágrimas tienen químicos, incluso llegan a tener oxcitocina (la llamada hormona del amor), hay muchas personas que incrementan su excitación al lamer, untarse o hasta beber lágrimas. No es extraño que las emociones extremas se acrisolen en el sexo, y pasar del llanto al orgasmo no es algo tan raro, pero existen personas que buscan propiciar las lágrimas por cualquier motivo para llegar excitarse, lo que puede derivar en violencia.
A esta parafilia está relacionado el placer que se obtiene por lamer los ojos de una persona, el oculolinctus.


SIMOROFILIA
El placer sexual que genera montar accidentes o desastres, como un choque automovilístico. Este fetiche ha sido popularizado por J. G. Ballard en su novela Crash, en la que el clímax del placer se sincroniza con el momento de un choque: excitación in extremis que coquetea también con la muerte —el reverso del orgasmo. Cercano al placer que se obtiene de las cicatrices y de tener sexo en un paisaje destrozado.
Por otro lado, esto también comprende la fascinación por copular en un desastre natural, tener sexo en un huracán, tsunami, incendio, etc., y la máxima  dádiva de la simorofilia: copular durante el fin del mundo, el coito apocalíptico.

HIEROFILIA
La hierofilia es la excitación sexual derivada por los objetos religiosos. Esto se asocia con la devoción religiosa llevada a su literalidad. Algunas personas fanáticas, por ejemplo, que suelen asegurar “pertenecerle a Cristo”, llevan esto a un extremo y disfrutan usar cruces, Biblias u otros objetos en el acto sexual. Otras simplemente eligen masturbarse con imágenes o figuras religiosas. Esta “hereje” parafilia es una consecuencia de la misma represión sexual que la religión ha implantado históricamente.



 TRATAMIENTO PARA LA PARAFILIA

La importancia del tratamiento médico en la terapia de las parafilias estriba en que puede ser utilizado para cualquier tipo de parafilia, independientemente de cómo se presente.
Las parafilias múltiples con frecuencia se manifiestan en individuos que se presentan para la evaluación y tratamiento de la desviación sexual (Abel et al, 1987; Bradford, Boulet y Pawlak, 1992). De ello se deduce que una aproximación terapéutica que pueda tratar simultáneamente más de una parafilia es lo adecuado. El tratamiento farmacológico ofrece esta posibilidad.
Otra ventaja del tratamiento farmacológico para las parafilias es que reduce significativamente la alta tasa de recidivas de estos pacientes (Bradford, 1985), cuando se abordan solamente desde un formato psicoterapéutico.
Los tratamientos farmacológicos han sido utilizados para las desviaciones sexuales y específicamente con los ofensores sexuales para reducir la conducta sexual desviada y las recidivas desde los años sesenta (Bradford, 1985; Money, 1968, 1987).
Los tratamientos médicos tradicionales eran la neurocirugía esteroatáxica y la castración quirúrgica; éstos han sido sustituidos por tratamientos farmacológicos. Ambas cirugías son irreversibles e intrusivas. Sin embargo, tienen un cierto interés desde el punto de vista teórico, ya que su mecanismo de acción es la reducción de la conducta sexual desviada al disminuir la testosterona plasmática, la hormona fundamental para el mantenimiento de la conducta sexual en varones y la hormona que está involucrada en el impulso sexual, tanto en varones como en mujeres.


PAPEL Y MECANISMO DE ACCIÓN DE LOS NEUROTRANSMISORES SOBRE LA CONDUCTA SEXUAL Y ESPECÍFICAMENTE SOBRE LA EXCITACIÓN SEXUAL
El papel de los neurotransmisores en la sexualidad humana no está totalmente  comprendido. La neuropsicofarmacología de diferentes agentes farmacológicos ha sido útil en proporcionar alguna comprensión de los papeles de la dopamina, la serotonina, y otros neurotransmisores sobre diferentes aspectos de la conducta sexual (Brancroft, 1989; Segraves, 1989). Hay una compleja interrelación entre las hormonas sexuales, los neurotransmisores, la predisposición genética y la conducta sexual. Existen, básicamente, dos tipos de aminas cerebrales: las catecolaminas (p. ej., dopamina) y las indolaminas (p. ej., serotonina o 5-hidroxitriptamina [5-HT]). Existen receptores androgénicos en el área preóptica medial del hipotálamo, así como receptores para otras hormonas esteroides.
En estudios con animales, los agentes relacionados con la dopamina parecen ser más específicos en sus efectos sobre la conducta sexual en machos que en hembras (Bancroft, 1989). Los estudios farmacológicos realizados en humanos que han utilizado neurolépticos apoyan esta idea (Bancroft et al, 1974).
La serotonina parece ser el neurotransmisor más importante en la modificación de la conducta sexual por métodos farmacológicos.

PAPEL DE LOS INHIBIDORES DE LA RECAPTACIÓN DE SEROTONINA EN EL TRATAMIENTO DE LAS PARAFILIAS
Estos agentes han sido utilizados primariamente en el tratamiento de la depresión, en los trastornos fóbicos y en el TOC.
Segundo, los datos de la investigación que describen la conducta sexual de los mamíferos masculinos y los neurotransmisores monoaminérgicos sugieren que la disminución de serotonina en el cerebro (5-hidroxitriptamina) y el incremento de la neurotransmisión dopaminérgica pueden desinhibir o promover la conducta sexual, incluyendo la producción de hipersexualidad.
Tercero, los varones (y presumiblemente las mujeres) con parafilias y con trastornos relacionados con las parafilias (TRP) presentan una alta comorbilidad con trastornos del humor, de la ansiedad y con trastornos del impulso.
Cuarto, los inhibidores de la recaptación de serotonina afectan a la excitación sexual y a la conducta de deseo, una característica descrita como un efecto secundario durante el tratamiento de los trastornos del Axis I del DSM-IV-TR.

PAPEL DE LOS ANTIANDRÓGENOS EN EL TRATAMIENTO DE LAS PARAFILIAS
Un antiandrógeno se define como un fármaco que tiene una acción específica sobre los receptores androgénicos intracelulares en el organismo. El principal antiandrógeno farmacológico es el acetato de ciproterona (ACP). El ACP tiene efectos antiandrógenicos, antigonadotrópicos y algún efecto progestágeno (Bradford, 1983).
La dosis habitual oral es de 100 mg/día, en general una tableta de 50 mg cada 12 h. La dosis puede variar de una a 4 tabletas al día.
Su mejor acción se obtiene a través de vía intramuscular más que por la vía oral, aunque la administración oral también es efectiva en las dosis adecuadas. Esto permite al individuo continuar siendo activo sexualmente con un nivel más bajo de impulso sexual, lo cual le ofrece la oportunidad de desarrollar intereses sexuales no desviados teniendo relaciones sexuales con personas adultas, por ejemplo, si es un pedofílico, o estableciendo actividades sexuales no desviadas en caso de otras parafilias, es decir, el ACP puede reducir la excitación sexual desviada mientras tiene un impacto menor sobre la respuesta excitatoria no desviada (Bradford y Greenberg, 1998). En otros casos, existe un retorno gradual de los intereses sexuales desviados después de un período de tiempo variable, que va desde los 6 meses a los 3 años después de la disminución del tratamiento. No es posible identificar a aquellos individuos que presentarán una recaída y aquellos que no.
Existen una serie de riesgos o de efectos secundarios adversos, los cuales no es habitual que ocurran a las dosis utilizadas para el tratamiento de las parafilias. Éstos incluyen disfunción hepática y supresión adrenal, que son complicaciones serias si ocurren.
Otras aplicaciones del acetato de ciproterona son el carcinoma de próstata, la pubertad precoz y, en mujeres, manifestaciones de androgenización. El alcohol puede disminuir ligeramente su efecto (Díaz Morfa, 1999).

EL PAPEL DE LOS AGONISTAS DE LA HORMONA LIBERADORA DE LA HORMONA LUTEIZANTE (AGONISTAS LHRH) EN EL TRATAMIENTO DE LAS PARAFILIAS
El desarrollo de los agonistas LHRH y la experiencia obtenida durante su uso en el tratamiento del carcinoma prostático han sugerido que también podría ser útil para el tratamiento de los ofensores sexuales.
La LHRH es un decapéptido que es sintetizado en los cuerpos celulares de las neuronas hipotalámicas. Es secretada por las terminales de los cuerpos celulares directamente dentro de la circulación hipofisisportal. Al alcanzar la glándula pituitaria anterior, la LHRH selectivamente estimula las células gonadotrópicas que liberan la hormona gonadotrópica luteizante y la hormona foliculoestimulante. Estas licoproteínas están formadas por una subunidad alfa común y una subunidad β diferente. La hormona luteizante y la hormona foliculoestimulante estimulan la producción gonadal de los esteroides sexuales y de la gametogénesis.

USOS CLÍNICOS DE LA LHRH Y SUS ANÁLOGOS
Existen 2 vías por las cuales los análogos de la LHRH son utilizados clínicamente. Primero, es utilizado para restaurar la fertilidad en la mujer y en los varones con déficit de LHRH. Estos pacientes requieren una inyección externa para liberar la hormona de una forma similar a la normal.
Segundo, es utilizado para la supresión reversible, selectiva del eje pituitaria-gonada. Este uso para la castración bioquímica requiere la administración continuada del LHRH o del uso de un agonista de LHRH de acción prolongada. Los ejemplos de estos tratamientos incluyen: a) niños con pubertad precoz; b) castración bioquímica en cáncer de próstata; c) endometriosis; d) enfermedad ovárica poliquística; e) tumores varios, y f) podría ser también un tratamiento para las parafilias.

ESTADO ACTUAL DE LA INVESTIGACIÓN EN EL TRATAMIENTO DE LAS PARAFILIAS CON LOS AGONISTAS DE LA LHRH

Los estudios previos de los efectos de los análogos de la LHRH de acción prolongada en varones con parafilia se presentan. En general, estos estudios ponen de manifiesto que el bloqueo androgénico finalizó la conducta parafílica y las actividades y fantasías sexuales de estos pacientes disminuyeron sin efectos secundarios significativos.