FETICHE
Un fetiche es un objeto material de culto al que se
conceden propiedades mágicas o sobrenaturales y llega a ser venerado como un
ídolo. Este tipo de objetos se utilizaban especialmente en tribus y
civilizaciones antiguas. La idolatría y la práctica del culto de los fetiches
se conocen como fetichismo. Este tipo de culto aparece en diferentes lugares
del mundo. Se asocian sobre todo, a creencias y prácticas religiosas
especialmente animistas y es objeto de estudio de la Antropología también como
una manifestación cultural. En el fetichismo animista aparece en algunas
religiones primitivas africanas y caribeñas. En ellas, se considera al fetiche
como un representante de un ser superior y que tiene sus mismas características
y poderes. Estos fetiches son objeto de adoración, gratitud y ofrecimientos ya
que éstos, debido a su carácter sobrenatural, se les considera capaces de
conceder gracias y castigos.
Se considera también un fetiche un objeto relacionado con
la superstición y al que se le asocia con la buena suerte. Por ejemplo, una
pata de conejo o una herradura. En este caso, se puede identificar con la
palabra 'amuleto'.
También se utiliza en Psicología, aplicado al campo de la
sexualidad, para referirse a un objeto o una parte del cuerpo no relacionada
con el sexo y que provoca excitación.
Procede del latín facticius (artificial, inventado) y
habría evolucionado en el portugués feitiço para referirse a los objetos de
culto que encontraban los navegantes en sus viajes. Esta palabra, a su vez
derivaría en lengua francesa como fétiche y de ahí al español.
FREUD Y EL FETICHISMO
Una de las teorías más llamativas es la ofrecida por el
psicoanálisis. Freud introduce el término de fetichismo en el ‘Ensayo sobre las
aberraciones sexuales’, enmarcado en la obra ‘Tres ensayos de teoría sexual’,
publicado en 1905.
Freud por tanto, considera el fetichismo como una
“aberración sexual” y lo incluye en el
capítulo dedicado a la “situación inapropiada del objeto sexual”, en este caso,
“una transgresión anatómica”. Cabe señalar, que en la misma categoría de
aberraciones, el fundador del psicoanálisis incluye la homosexualidad y el sexo
oral.
La definición no se aleja mucho de la vigente en la
actualidad: “el objeto sexual normal es sustituido por otro relacionado con él,
pero al mismo tiempo totalmente inapropiado para servir al fin sexual normal” y
como ejemplo se cita el pie, que junto a la del zapato es una de las parafilias
más comunes.
Para su tratamiento, Freud hace dos diagnósticos: existen
los fetichismos de tipo limítrofe con lo patológico y de tipo patológico. Las
actividades no patológicas se presentan como “conexiones normales” y determina
que “es regularmente propio del amor normal cierto grado de fetichismo, sobre
todo en aquellos estadios del enamoramiento en el que el fin sexual es
inasequible o en los que su realización aparece aplazada”.
La patología aparece cuando “el deseo hacia el fetiche se
fija pasando esta condición y se coloca en lugar del fin moral o, cuando el
fetiche se separa de la persona determinada y se deviene por si mismo como un
único fin sexual”.
El origen de esta condición psicológica, como ya se ha
dicho, reside en la infancia según la mayoría de los autores, y Freud no será
menos.
En cuanto a las consideraciones sobre el pie y el zapato,
Freud alude al pie como un “ejemplo antiquísimo de símbolo sexual que aparece
ya en el mito”; mientras, el zapato es “correlativamente símbolo de los
genitales femenino” (hueco en el que se introduce el píe)” mientras que el
tacón representa “el falo masculino” de ahí la considerada “bisexualidad” del zapato freudiana.
Antes de la llegada del psicoanálisis, el “fetichista aparecía
como un psicópata que coleccionaba objetos de uso femenino para satisfacer en
ellos su lascivia” cuenta el psicólogo alemán Josef Rattner en su obra
‘Psicología y patología de la vida amorosa’.
Fue Freud y su psicoanálisis, el que ‘descriminalizó’ las prácticas
fetichistas diferenciándolas entre las “normales” y las “patológicas”.
Rattner también recuerda en su obra que los pioneros en hablar del fetichismo y en tratar su origen fueron el psiquiatra francés Binet y Krafft-Ebing, que partieron de la ‘teoría asociacionista’ para determinar en la adolescencia el inicio de dichas prácticas.
El fetiche estaba representado por un ídolo u objeto de
culto en los pueblos primitivos, al que se le atribuían propiedades mágicas.
Se conoce como fetichismo a la devoción por los objetos
materiales. En el manual diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV) se le
considera como una parafilia (trastorno sexual y de la identidad sexual).
En el fetichismo se refieren fantasías sexuales e
impulsos y comportamientos ligados al uso de objetos no animados, como es la
ropa interior femenina. Dichas fantasías producen un deterioro social y un
malestar significativo a nivel clínico del sujeto.
PARAFILIA
El griego es la lengua en la que tiene su origen el
origen etimológico de la palabra parafilia. En concreto en él se encuentra
formada por la unión de para, que significa “junto a”, y filein, que podría
traducirse como sinónimo del verbo “amar”.
De acuerdo a la definición del diccionario de la Real
Academia Española (RAE), una parafilia es un desvío de índole sexual. Se trata
de una conducta íntima donde el placer se obtiene mediante una actividad
diferente a la relación sexual en sí misma.
Las parafilias son consideradas inofensivas, aunque hay
excepciones. Ciertas parafilias pueden generar daños físicos y/o psíquicos en
alguno de los participantes del acto sexual, como ocurre con la pedofilia.
En concreto, se establece que una persona disfruta
llevando a cabo una parafilia porque eso le supone gozar con uno o con los dos
de los siguientes elementos:
Riesgo. El riesgo que trae consigo llevar a cabo una
práctica sexual clasificada como parafilia supone que la persona en cuestión
disfrute del mismo y cuente con una excitación mucho mayor.
Voluntad de poder. A través de una de estas prácticas,
quien la lleva a cabo disfruta de una sensación de poder sobre la persona con
quien la realiza, se siente por encima de ella y con capacidad para hacer lo
que desea.
Cabe destacar que el parámetro para considerar si una
conducta sexual es parafílica varía a lo largo de la historia y según la
región. De este modo, prácticas que eran consideradas como parafílicas hace
algunas décadas, hoy son aceptadas como normales y, por lo tanto, no se toman
como desviaciones. Ese el caso de la masturbación, la felación o el cunnilingus,
por ejemplo.
Es importante destacar que los expertos no han hallado
trastornos psicológicos o cambios orgánicos que brinden una explicación sobre
el origen de una práctica parafílica. Estas desviaciones, de todos modos,
pueden tratarse mediante la terapia psicoanalítica.
DIFERENTES
PARAFILIAS
Entre las parafilias más usuales, pueden mencionarse a:
ALTOCALCIFILIA
Excitación por el calzado que dispone de tacones altos


ASFIXIOFILIA
Que consiste en provocar un estrangulamiento erótico
Donde la relación sexual contempla la participación de un
animal
Estimulación sexual a partir de la utilización de
términos soeces, es decir las grocerias, el vicio es no decirlas, si no pronunciarlas sin ton ni son, osea fjuera de contexto. Por ejemplo: que rica comida "por la mierda"
MASOQUISMO
Placer vinculado al sufrimiento físico y a la humillación
PEDOFILIA
Atracción por los niños
LA PODOFILIA
Excitación por los pies) y el sadismo (placer al generar
dolor físico al otro
No obstante, no son las únicas parafilias que se conocen
actualmente. Así, entre otras de las más conocidas se encuentran las
siguientes:
Que consiste en la obtención del placer mediante la
práctica sexual con cadáveres.
Que es el que practican aquellas personas que obtienen
placer mostrando de manera deliberada y pública sus genitales.
Que se define como la consecución del placer sexual
mediante la visión de los genitales o de los actos sexuales que realizan otras
personas.
En este caso
concreto, la satisfacción de quien tiene esta citada parafilia le llega
mediante el frotamiento de sus genitales con el cuerpo de otra persona.
URSUSAGALAMATOFILIA
A algunas personas les gusta vestir de felpa o hasta de
botargas y buscar otras personas similares para copular. Esta parafilia es
bastante popular en otro mundo (dentro de éste).
“Hay una gran escena de ‘felpa’ y parece estar basada en
personas que gustan de proyectar cualidades antropomórficas a los animales y
les adscriben cualidades humanas”, dice el terapeuta sexual Ian Kramer.
A diferencia de la zoofilia, donde la personas
literalmente disfrutan de tener sexo con cabras, perros, caballos, o la avisodomía
(con aves), aquí lo que sucede es el deseo de tener sexo con humanos que tienen
características de animales, pero a la vez son lindos y dulces, de ahí la
felpa.
Hace un año surgió el caso del Pato Donald que inició
contacto sexual con una mujer, tratando de borrar la frontera entre la
caricatura y lo erótico. Esta botarga habría tenido más suerte si hubiera
abordado a una mujer ursusagalamatofílica.
PARCIALISMO
A algunas personas les excita una parte del cuerpo
específica, por ejemplo el pie de una mujer con tacones. Incluso existen sitios
dedicados en su totalidad a estas fascinaciones, por ejemplo, a chicas en
tacones apoyando sus piernas sobre un auto y especialmente los pedales,
conocidas como gas pedal honeys. Esta fragmentación del deseo hace que algunas
personas lleven esto al extremo y durante el sexo busquen copular solamente con
un pie o con una mano
.
.
FORMICOFILIA
Este es el placer sexual derivado de tener insectos
arrastrándose por el cuerpo, especialmente en los genitales (¡¿esa sexy hormiga
en la vagina, o la abeja meliflua en el pene?!). Se cree que esta parafilia se
ha desarrollado especialmente entre personas cuyos hogares son infestados por
insectos y, por el divino azar, experimentan durante la cópula la participación
de algún insecto que incrementa el placer. Aunque claro que hay personas que
simplemente gustan de llevar voluntariamente insectos a la cama y usarlos
estratégicamente en zonas erógenas.
En Japón existe la costumbre entre ciertas personas de
utilizar anguilas para el sexo anal o para la masturbación femenina.
Algunas personas se excitan con miembros amputados, ya
sea con su ausencia o con su prótesis.
Como resultado de la sexualización de las máquinas,
particularmente de los autos, que se ha generado en la publicidad, existen
personas que no sólo se ven excitadas por las máquinas —por tener sexo en un
Corvette rojo— sino que tienen sexo con vehículos. Tal es el caso de Edward
Smith, un hombre que dice haber tenido sexo con más de mil autos y uno que otro
helicóptero.
No hay duda que la mecanofilia es uno de los fetiches que
más en común tiene con la llegada de los robots sexuales y demás máquinas de
uso erótico.: en vez de talk to the hand: fuck the hand.
DACROFILIA
A esta parafilia está relacionado el placer que se
obtiene por lamer los ojos de una persona, el oculolinctus.
SIMOROFILIA
El placer sexual que genera montar accidentes o
desastres, como un choque automovilístico. Este fetiche ha sido popularizado
por J. G. Ballard en su novela Crash, en la que el clímax del placer se
sincroniza con el momento de un choque: excitación in extremis que coquetea
también con la muerte —el reverso del orgasmo. Cercano al placer que se obtiene
de las cicatrices y de tener sexo en un paisaje destrozado.
Por otro lado, esto también comprende la fascinación por
copular en un desastre natural, tener sexo en un huracán, tsunami, incendio,
etc., y la máxima dádiva de la
simorofilia: copular durante el fin del mundo, el coito apocalíptico.
HIEROFILIA
TRATAMIENTO PARA
LA PARAFILIA
La importancia del tratamiento médico en la terapia de
las parafilias estriba en que puede ser utilizado para cualquier tipo de
parafilia, independientemente de cómo se presente.
Las parafilias múltiples con frecuencia se manifiestan en
individuos que se presentan para la evaluación y tratamiento de la desviación
sexual (Abel et al, 1987; Bradford, Boulet y Pawlak, 1992). De ello se deduce
que una aproximación terapéutica que pueda tratar simultáneamente más de una
parafilia es lo adecuado. El tratamiento farmacológico ofrece esta posibilidad.
Otra ventaja del tratamiento farmacológico para las
parafilias es que reduce significativamente la alta tasa de recidivas de estos
pacientes (Bradford, 1985), cuando se abordan solamente desde un formato
psicoterapéutico.
Los tratamientos farmacológicos han sido utilizados para
las desviaciones sexuales y específicamente con los ofensores sexuales para
reducir la conducta sexual desviada y las recidivas desde los años sesenta
(Bradford, 1985; Money, 1968, 1987).
Los tratamientos médicos tradicionales eran la
neurocirugía esteroatáxica y la castración quirúrgica; éstos han sido
sustituidos por tratamientos farmacológicos. Ambas cirugías son irreversibles e
intrusivas. Sin embargo, tienen un cierto interés desde el punto de vista
teórico, ya que su mecanismo de acción es la reducción de la conducta sexual
desviada al disminuir la testosterona plasmática, la hormona fundamental para
el mantenimiento de la conducta sexual en varones y la hormona que está
involucrada en el impulso sexual, tanto en varones como en mujeres.
PAPEL Y MECANISMO DE ACCIÓN DE LOS NEUROTRANSMISORES SOBRE LA CONDUCTA SEXUAL Y ESPECÍFICAMENTE SOBRE LA EXCITACIÓN SEXUAL
El papel de los neurotransmisores en la sexualidad humana
no está totalmente comprendido. La
neuropsicofarmacología de diferentes agentes farmacológicos ha sido útil en
proporcionar alguna comprensión de los papeles de la dopamina, la serotonina, y
otros neurotransmisores sobre diferentes aspectos de la conducta sexual
(Brancroft, 1989; Segraves, 1989). Hay una compleja interrelación entre las
hormonas sexuales, los neurotransmisores, la predisposición genética y la
conducta sexual. Existen, básicamente, dos tipos de aminas cerebrales: las
catecolaminas (p. ej., dopamina) y las indolaminas (p. ej., serotonina o
5-hidroxitriptamina [5-HT]). Existen receptores androgénicos en el área
preóptica medial del hipotálamo, así como receptores para otras hormonas
esteroides.
La serotonina parece ser el neurotransmisor más
importante en la modificación de la conducta sexual por métodos farmacológicos.
PAPEL DE LOS INHIBIDORES DE LA RECAPTACIÓN DE SEROTONINA
EN EL TRATAMIENTO DE LAS PARAFILIAS
Estos agentes han sido utilizados primariamente en el
tratamiento de la depresión, en los trastornos fóbicos y en el TOC.
Segundo, los datos de la investigación que describen la
conducta sexual de los mamíferos masculinos y los neurotransmisores
monoaminérgicos sugieren que la disminución de serotonina en el cerebro
(5-hidroxitriptamina) y el incremento de la neurotransmisión dopaminérgica
pueden desinhibir o promover la conducta sexual, incluyendo la producción de
hipersexualidad.
Tercero, los varones (y presumiblemente las mujeres) con
parafilias y con trastornos relacionados con las parafilias (TRP) presentan una
alta comorbilidad con trastornos del humor, de la ansiedad y con trastornos del
impulso.
Cuarto, los inhibidores de la recaptación de serotonina
afectan a la excitación sexual y a la conducta de deseo, una característica
descrita como un efecto secundario durante el tratamiento de los trastornos del
Axis I del DSM-IV-TR.
PAPEL DE LOS ANTIANDRÓGENOS EN EL TRATAMIENTO DE LAS
PARAFILIAS
Un antiandrógeno se define como un fármaco que tiene una
acción específica sobre los receptores androgénicos intracelulares en el
organismo. El principal antiandrógeno farmacológico es el acetato de
ciproterona (ACP). El ACP tiene efectos antiandrógenicos, antigonadotrópicos y
algún efecto progestágeno (Bradford, 1983).
La dosis habitual oral es de 100 mg/día, en general una
tableta de 50 mg cada 12 h. La dosis puede variar de una a 4 tabletas al día.
Su mejor acción se obtiene a través de vía intramuscular
más que por la vía oral, aunque la administración oral también es efectiva en
las dosis adecuadas. Esto permite al individuo continuar siendo activo
sexualmente con un nivel más bajo de impulso sexual, lo cual le ofrece la
oportunidad de desarrollar intereses sexuales no desviados teniendo relaciones
sexuales con personas adultas, por ejemplo, si es un pedofílico, o
estableciendo actividades sexuales no desviadas en caso de otras parafilias, es
decir, el ACP puede reducir la excitación sexual desviada mientras tiene un
impacto menor sobre la respuesta excitatoria no desviada (Bradford y Greenberg,
1998). En otros casos, existe un retorno gradual de los intereses sexuales
desviados después de un período de tiempo variable, que va desde los 6 meses a
los 3 años después de la disminución del tratamiento. No es posible identificar
a aquellos individuos que presentarán una recaída y aquellos que no.
Existen una serie de riesgos o de efectos secundarios
adversos, los cuales no es habitual que ocurran a las dosis utilizadas para el
tratamiento de las parafilias. Éstos incluyen disfunción hepática y supresión
adrenal, que son complicaciones serias si ocurren.
Otras aplicaciones del acetato de ciproterona son el
carcinoma de próstata, la pubertad precoz y, en mujeres, manifestaciones de
androgenización. El alcohol puede disminuir ligeramente su efecto (Díaz Morfa,
1999).
El desarrollo de los agonistas LHRH y la experiencia
obtenida durante su uso en el tratamiento del carcinoma prostático han sugerido
que también podría ser útil para el tratamiento de los ofensores sexuales.
La LHRH es un decapéptido que es sintetizado en los
cuerpos celulares de las neuronas hipotalámicas. Es secretada por las
terminales de los cuerpos celulares directamente dentro de la circulación
hipofisisportal. Al alcanzar la glándula pituitaria anterior, la LHRH
selectivamente estimula las células gonadotrópicas que liberan la hormona
gonadotrópica luteizante y la hormona foliculoestimulante. Estas licoproteínas
están formadas por una subunidad alfa común y una subunidad β diferente. La hormona
luteizante y la hormona foliculoestimulante estimulan la producción gonadal de los esteroides sexuales
y de la gametogénesis.
USOS CLÍNICOS DE LA LHRH Y SUS ANÁLOGOS
Existen 2 vías por las cuales los análogos de la LHRH son
utilizados clínicamente. Primero, es utilizado para restaurar la fertilidad en
la mujer y en los varones con déficit de LHRH. Estos pacientes requieren una
inyección externa para liberar la hormona de una forma similar a la normal.
Segundo, es utilizado para la supresión reversible,
selectiva del eje pituitaria-gonada. Este uso para la castración bioquímica
requiere la administración continuada del LHRH o del uso de un agonista de LHRH
de acción prolongada. Los ejemplos de estos tratamientos incluyen: a) niños con
pubertad precoz; b) castración bioquímica en cáncer de próstata; c)
endometriosis; d) enfermedad ovárica poliquística; e) tumores varios, y f)
podría ser también un tratamiento para las parafilias.
ESTADO ACTUAL DE LA INVESTIGACIÓN EN EL TRATAMIENTO DE
LAS PARAFILIAS CON LOS AGONISTAS DE LA LHRH


